El Estrés, la Enfermedad del 2000

(Este artículo fue publicado en el Nº 6 de la revista "Tierra", un lugar en la vía láctea)

Por Cristina Meyrialle


    El estrés es un fenómeno que casi todas las personas del mundo moderno dicen conocer y/o padecer. Desde el ejecutivo hasta el ama de casa, desde el anciano hasta el niño pueden estar sujetos al impacto del estrés. Ahora bien, ¿qué es el estrés?

    Los estudiosos del tema nos cuenta que todos los seres vivos contamos con un poder estabilizador en el organismo que permite por ejemplo que un hombre pueda estar expuesto a temperaturas muy altas o muy bajas, sin variar su propia temperatura corporal. Cuando los organismos son expuestos a situaciones agresivas o colocados sobre situaciones extremas tienden a perder su equilibrio interno. En esas circunstancias el organismo intenta recuperar dicho equilibrio, y para ello pone en funcionamiento todos sus recursos. Este es el camino por el cual el organismo es capaz de mantener su adaptación y aún su vida frente a una amenaza, un trauma o un cambio. El estrés es entonces básicamente un mecanismo de adaptación.

La enfermedad de adaptación

    Sin embargo, bajo ciertas circunstancias, el estrés se transforma en lo que se ha llamado "la enfermedad de adaptación". En estos casos, nuestro intento de responder al cambio o a la presión, no importando de qué clase, puede llevar al quebrantamiento y la enfermedad. Es como si tuviéramos el acelerador de un auto permanentemente apretado, mientras tratamos de subir una empinada cuesta mientras que la fuerza de gravedad nos arrastra irremediablemente hacia abajo y nos enteramos de que hemos fundido el motor. Todos nuestros recursos biológicos intentan recuperar un lugar de equilibrio perdido, hasta que finalmente y por agotamiento aparece la disfunción o enfermedad.

    Una de las consecuencias visibles de esta "enfermedad de adaptación", es la marcada disminución de la eficacia de los mecanismos de protección del organismo. Los estímulos estresantes parecen provocar el descenso de la actividad del sistema inmunitario, que se expresa a través de fenómenos alérgicos, infecciones, enfermedades autoinmunitarias e incluso formación de tumores y otros tipos de procesos cancerosos. Asimismo, se ha podido detectar acompañando al estrés, aumento o disminución de las funciones del sistema hormonal, vascular, gastrointestinal, reproductor, etc, pudiendo llegar incluso a la lesión de los órganos.

    Vivir cansado también es un síntoma del estrés, y toma distintas formas: insomnio o exceso de sueño, contracturas, falta de concentración, inhibición del deseo sexual, problemas de impotencia, debilidad o desfasaje entre voluntad y acción. Este es un cansancio que no es sólo consecuencia de un exceso de trabajo, y que no se repone con unas horas de descanso.

    La reacción emocional frente a este estado es de fracaso e impotencia.

Los estresores

    Los estresores son todos aquellos factores que pueden llevar al individuo al estado de agotamiento y enfermedad de adaptación. Y pueden ser tanto externos como internos, de esta manera, un pensamiento o una emoción pueden tener efectos desequilibrantes y agresivos en la totalidad de nuestro organismo. Sin embargo, una experiencia en sí misma no tiene necesariamente el carácter de estresante; es la manera en cómo vemos, apreciamos o evaluamos una situación, la que determinará nuestra forma de responder y cuánto estrés nos provocará.

    Hay además innumerable cantidad de factores ambientales que pueden convertirse en estresores como la mala o deficiente alimentación; los hábitos como el tabaco, el alcohol o las drogas; la contaminación ambiental, a los que podemos agregar los factores sociales y económicos entre otros.

    Pero sin duda hay acontecimientos vitales estresantes de los cuales éstos, a título de información, son sólo los diez primeros de una larga lista que han elaborado quienes estudian el tema:

1- Muerte del cónyuge

2- Divorcio

3- Separación conyugal

4- Encarcelamiento o confinamiento

5- Muerte de un familiar cercano

6- Enfermedad o lesión personal grave

7- Matrimonio

8- Despido

9- Reconciliación conyugal

10- Jubilación

    No es fácil encontrar una palabra o frase que reúna el amplio rango de experiencias en la vida que causan estrés y dolor y que despiertan en nosotros una marcada sensación de miedo, inseguridad y pérdida de control.

    Si tuviéramos que hacer una lista, deberíamos incluir nuestra sensación de vulnerabilidad y la dolorosa conciencia de que somos mortales. Podríamos sumar también nuestra capacidad colectiva de violencia y crueldad, así como también los colosales niveles de ignorancia, voracidad, desilusión y frustración que parecen manejarnos a nosotros y al mundo que nos rodea la mayor parte del tiempo.

Ser conscientes del estrés

    El problema del estrés no admite soluciones simplistas o arreglos rápidos. En principio el estrés es sin duda, una parte natural de la vida de la que no podemos escapar. Algunas personas tratan de evitar el estrés eludiendo la experiencia de la vida. Otras intentan anestesiarse de una manera u otra para escapar de él (adicciones a las drogas, el alcohol, los ansiolíticos y antidepresivos, al sexo, al trabajo, etc). Por supuesto existe una necesidad de distancia adecuada y necesaria de nuestros problemas cotidianos, pero si el escape y la evitación comienzan a ser nuestros modos habituales de lidiar con los problemas, éstos no sólo no se solucionarán, sino que probablemente se multipliquen.

    El estrés es un fenómeno en donde se ve claramente el hecho de cómo en la mayoría de nuestras conductas ponemos piloto automático, nos ausentamos, nos ignoramos, abusamos, perdemos el control, olvidando de que se trata de nuestro propio cuerpo y de nuestra propia persona.

    Sócrates nos dice: "Conócete a ti mismo", es decir toma conciencia de lo que te sucede. Y si bien la toma de conciencia no sea probablemente la única solución a todos los problemas que la vida nos presenta, nos permite verlos mas claramente cuando estamos totalmente presentes en lo que hacemos y en lo que nos sucede.

    Cuanto mas conscientes seamos de la efectividad de nuestros esfuerzos para enfrentar los factores estresores que experimentamos, tanto más seremos capaces de cuidar que se produzcan dichos desequilibrios y tal vez evitar la enfermedad.

    El primer paso es entonces reconocer en qué momento estamos bajo condiciones de estrés.

    El cuidado del cuerpo y la atención de la salud.

    Cuerpo y mente son una unidad indisoluble. Todo lo que sucede en el cuerpo afecta a la mente, y viceversa. En realidad funcionan el unísono. Todo aquello que hagamos para prestar conciencia a nuestra salud y el buen estado físico revierte necesariamente en nuestro equilibro emocional y psicológico.

    La disociación entre cuerpo y mente, arquetipo de la era moderna, ha hecho que muchos de nosotros vivamos como si nuestro cuerpo fuera un ropaje que llevamos colgando de una percha, mientras que nuestra mente y sus emociones funcionando a gran velocidad, parecen ir mucho mas adelante que aquél.

    Hoy sabemos que una gran cantidad de recursos concretos pueden acercarse a nuestro pobre y muchas veces olvidado cuerpo para colaborar en el enfrentamiento del estrés.

    El cuidado de la alimentación, el control médico, la continuada atención sobre nuestras posible enfermedades crónicas, la actividad física, o los masajes; son sólo algunos de los medios a nuestro alcance para mejorar las consecuencias del estrés, cuando no eliminar situaciones estresoras (porque las enfermedades no son sólo el resultado del estrés, sino que son a su vez generadoras de estrés).

    Sin embargo, podemos ser mas resistentes al estrés si elaboramos también otros recursos para incrementar el bienestar físico y psicológico. La palabra recursos se refiere a la combinación de soportes internos y externos y a la fortaleza que nos ayudan a enfrentarlos momentos de cambio.

    Estos recursos pueden y deberían ser incrementados durante aquellos momentos en los cuales no estamos especialmente bajo la presión de situaciones estresoras de importancia.

Recursos psicoemocionales para enfrentar el estrés

    La desesperanza, ese estado en el cual sentimos que nada de lo que hagamos pueda hacer que las cosas mejoren, es una conducta aprendida, y por lo tanto también puede desaprenderse, al menos en el caso de los seres humanos. Cambiando la manera en que nos vemos en relación a los estresores, podemos cambiar nuestra experiencia en la relación con ellos, y por lo tanto modificar el contexto en el cual esta situación excede nuestros recursos o amenaza nuestra calidad de vida.

    Si podemos cambiar la manera de ver las cosas, podemos cambiar nuestras maneras estereotipadas de responder a ellas

    La formación de redes de apoyo constituidas por familiares o amigos, (personas con lazos afectivos) son otra inagotable fuente de recursos emocionales en situaciones con alto valor de estrés. También en esta línea están los grupos de reflexión que pueden ayudarnos a revisar la imágen que tenemos de nosotros mismos (autoestima)y de las circunstancias que estamos viviendo, incrementando de esta manera nuestros niveles de fortaleza, coherencia interna, y confianza.

    Y por último, pero no por ello menos importante destaquemos la importancia de nuestras convicciones en el ámbito de lo espiritual o filosófico. La posesión de objetivos, metas o ideas que dirigen nuestra vida, se convierten en poderosas estructuras de sostén en el incesante oleaje de la existencia, colaborando en el enfrentamiento de aquellas crisis vitales que se van presentando a lo largo de la vida.

BIBLIOGRAFIA

JON KABAT-ZINN, " FULL CATASTROPHE LIVING", Ed Delta, New York 1990.

MONTOYA, J, "PSIQUIATRIA DE ENLACE Y ONCOLOGIA: BURN OUT SYNDROME", Trabajo realizado en el servicio de Oncología, Hospital de la Princesa. Madrid, publicado en la revista de Oncología, 1992. Madrid.

SELYE, Hans, "LA TENSION EN LA VIDA (el stress). Fabril Editora, Buenos Aires 1960.

VALDEZ, Manuel, y Tomás Flores, "PSICOBIOLOGIA DEL ESTRES", Ed. Martínez Roca, Barcelona,1990.

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