Miedo a la Muerte

Por Cristina Meyrialle


    Desde las antiguas religiones hasta los pensadores contemporáneos, el objetivo de los filósofos ha sido también dilucidar el significado de la muerte y auxiliar al ser humano en su temor frente a  ella. Sócrates y Platón, por ejemplo, señalaban que la tarea del filósofo no era otra que la de estudiar el problema de la muerte.

    Mientras tanto, muchos de nosotros, especialmente aquellos que nos hemos desarrollado a la sombra del pensamiento científico de la era moderna, hemos abandonado, o al menos hemos encontrado difícil adherirnos a una creencia religiosa o filosofía espiritual, ya que ésta al estar fuera de toda comprobación, cuantificación u objetividad, queda excluida de nuestra estructura de pensamiento. Desde el plano de lo racional, la idea de alcanzar algún conocimiento o intuición respecto del fenómeno de la muerte siempre ha sido algo complejo.

    Por este motivo, la ciencia tradicional, ya sea desde la psiquiatría o de la psicología, ha incursionado poco en el tema. Es una zona tabú, que aparentemente no admite una explicación científica convencional, y las ideas referidas a ella provienen y permanecen en el campo de la filosofía o de la religión. Tal vez podamos decir que los conceptos básicos de nuestra ciencia moderna, su terminología y su manera de pensar no son suficientes para describir el fenómeno de la muerte, particularmente desde el punto de vista psicológico.

    Sin embargo, algunas visiones de la ciencia actual comienzan a ofrecernos hipótesis interesantes. Fritjof Capra, por ejemplo, físico, estudioso de las filosofías orientales, desarrolla en profundidad la posibilidad de un encuentro entre las ciencias exactas actuales, tales como la física, y las antiguas filosofías orientales y la espiritualidad.

    Según las conclusiones de Capra (en El Tao de la Física), la física atómica y subatómica, y las tradiciones místicas orientales, llegan a través de distintos caminos a conclusiones prácticamente idénticas, respecto del "conocimiento" íntimo de las leyes del universo. Estos conceptos profundamente desarrollados por el autor, dan la impresión de cambiar la validez del abordaje intuitivo e introspectivo en ciencia, si éste es realizado con la rigurosidad necesaria.

    Por otra parte, la visión de mundo desde el terreno de la física dio un vuelco, los átomos no son partículas sólidas, sino vastos espacios con un núcleo, y que a veces, según se las vea, son partículas, y a veces ondas. La idea de materia se está transformando, no existe con certeza en un lugar definido, sino que "muestra una tendencia a existir".

    La masa es sólo una forma de energía, y se puede transformar en formas diferentes de energía. Las partículas son sólo haces de energía. A pesar de todo esto, nuestra limitada mirada positivista nos permite seguir aseverando que no creemos en aquello que no vemos, tocamos o medimos, y en esta categoría entran lo que tradicionalmente el hombre ha llamado alma o espíritu.

    La postura científica tradicional, nos propone la muerte del cuerpo físico como el fin absoluto, mientras que el nuevo modelo o paradigma de la ciencia, nos ofrece otras alternativas.

    En efecto, las recientes investigaciones sobre tanatología (de tanatos , muerte), proponen la posibilidad de otro tipo de existencia después de la muerte física. Poco sabemos aún sobre las distintas energías que componen lo que conocemos como la materia y en ella, al ser humano. Hemos ahondado en la investigación del cuerpo físico, en lo medible y observable, desde su biología hasta su química, desde sus músculos hasta la composición química de sus genes, pero poco o nada sabemos de lo que las distintas culturas de todos los tiempos han llamado espíritu. ¿Qué clase de energía puede ser aquella que es capaz de mover objetos a distancia?, de percibir pensamientos, emociones y acontecimientos fuera de los parámetros del tiempo y el espacio? ¿Qué relación hay entre esa aparente otra dimensión y los fenómenos que estudia la moderna física cuántica? Recién estamos dando los primeros pasos, aún con enormes prejuicios y con mucho temor de ver caer nuestras supuestas sólidas estructuras de pensamiento racional. Sin embargo un enorme espacio de investigación se abre ante nosotros.

Investigar la muerte

    Aceptar emocionalmente la existencia de la muerte no es algo habitual en nuestra cultura, y es poco frecuente que las personas sientan libertad para hablar sobre este tema. En la muerte no se piensa, y de ella, preferentemente no se habla. Normalmente es un hecho que se oculta, y a pesar de que sucede todo el tiempo, no se ve. Cuando alguien muere en el hospital, es rápidamente retirado y llevado a la morgue, es decir se quita la evidencia del hecho para que las personas del entorno no se sientan mal.

    Difícilmente en un ámbito como éste, pueda la ciencia interrogarse e investigar sobre la muerte con libertad y profundidad. A pesar de esto, en los últimos años han surgido una serie de médicos y psicólogos que desafiando los tabúes y sus propios miedos referidos al tema, han desarrollado la investigación en el campo de la tanatología. Esto significa, no sólo un intento de aunar los criterios de investigación de la ciencia contemporánea y el conocimiento intuitivo, sino también un gran avance en el hecho de la aceptación de la existencia de la muerte.

    Temas como: las regresiones a posibles vidas anteriores, los estados de "muerte clínica", la investigación psíquica en los agonizantes, las regresiones profundas realizadas con ácido lisérgico e hiperventilación, son algunos de las áreas cubiertas por los adelantados en la colonización de estos territorios.

    La ciencia occidental ha rechazado tradicionalmente la idea de la existencia de otra vida, alegando que simplemente está basada en la fantasía y la superstición. La ciencia actual investiga el tema, permitiéndonos así ponerlo al servicio del conocimiento de todos, pero convirtiéndolo en una herramienta al servicio de los pacientes críticos, sus familiares y personal que lo asiste. Este conocimiento abre la posibilidad de ampliar el nivel de conciencia de las personas y de disminuir el nivel de ansiedad que lleva a tanta inútil patología.

Experiencias cercanas a la muerte

    Raymond Moody, filósofo interesado en el tema de la muerte, se abocó al estudio de la medicina con el objeto de poder profundizar en la investigación sobre este tema. Trabajó con personas que por un motivo u otro habían padecido experiencias cercanas a la muerte (ECM), y, sobre los aproximadamente veinte mil casos de personas que fueron encuestadas, se elaboró un modelo tipo, relatando lo vivido por estos sujetos:

...La persona está muriendo, y al alcanzar el punto de mayor angustia física, oye como un médico le declara muerto. Comienza a escuchar un sonido desagradable, un timbre o zumbido muy fuerte, y al mismo tiempo se siente transportado muy rápidamente a través de un túnel. Después de esto se encuentra en forma repentina fuera de su cuerpo físico, pero aún dentro de su entorno físico, y ve su propio cuerpo desde la distancia, como si fuese un espectador. Desde un lugar privilegiado, observa el intento de revivirlo que llevan a cabo los médicos, y se encuentra en un estado de agitación emocional.

    Después de un momento se recobra y empieza a acostumbrarse a su extraña condición. Nota que todavía tiene un "cuerpo", pero de una naturaleza muy distinta y con poderes muy diferentes a los del cuerpo físico que acaba de abandonar. Comienzan entonces a ocurrir otras cosas, vienen otros a ayudarle. Reconoce a familiares y amigos que ya han muerto, y a veces "un ser de luz" aparece ante él. Este le hace una pregunta, sin hablar, para que evalúe su vida, y le ayuda mostrándole escenas panorámicas e instantáneas de los mayores acontecimientos de su vida...le envuelve una intensa sensación de alegría, amor y paz...se resiste a volver (a su cuerpo), porque se encuentra cómodo con esa vivencia y no quiere regresar...

    Obviamente, en los casos estudiados por Moody, la persona vuelve a reunirse con su cuerpo físico y vive. Las experiencias de éste investigador, junto con Kenenth Ring, y otros, han comprobado el alto porcentaje de casos coincidentes en cuanto a la reiteración del fenómeno de la muerte clínica independientemente de las creencias religiosas, la cultura, sexo o edad del paciente, lo que le da a la experiencia un carácter universal.

    Es importante también diferenciar estos estados de las alucinaciones y de otros fenómenos psíquicos. Chequeando la literatura médica tal como lo ha hecho, el Dr. Melvin Morse (Más cerca de la luz), descubrimos que esta experiencia es única. Ningún otro tipo de alucinación, visión o fenómeno psíquico es idéntico formalmente a las experiencias cercanas a la muerte (ECM). Ninguna clase de droga dispara este particular tipo de imágenes y vivencias, ni la marihuana, ni las drogas psicodélicas, o el alcohol, o los narcóticos, ni ningún anestésico. Tampoco lo determina la falta de oxígeno, o algún grado severo de estrés psicológico. Sin, embargo también se ha verificado que hay un centro en el cerebro que estimulado artificialmente, produce este tipo de experiencia. Como si hubiera una memoria genética y bioquímica que retiene una experiencia de tipo universal.

    Otro aporte es el realizado por la investigación que se hizo en Atlanta, EEUU con un grupo de pacientes cardíacos. Tal como se ha comprobado, una de las experiencias típicas de la ECM, es sentirse fuera del cuerpo y observar con toda claridad las maniobras de resucitación que realizan los médicos sobre el cuerpo del paciente. Larry Dosey, describe en su libro (Recovering the soul), las investigaciones realizadas por un cardiólogo Michael Sabom, quien reunió 32 pacientes que decían haber vivido esa experiencia durante un paro cardíaco. Paralelamente, reunió 35 pacientes de nivel de educación media que no habían pasado por una ECM, y preguntó a ambos grupos qué sucedía cuando el médico trataba de resucitar un paciente y hacía funcionar nuevamente su corazón. Quería comparar el conocimiento de los pacientes que habían tenido la experiencia extracorpórea con los pacientes cardiológicos comunes. Mientras 33 de los 35 del grupo de control cometieron gran errores al describir las maniobras de resucitación, en el grupo que había vivido la experiencia, no hubo ningún error.

La condición terapéutica de la ECM

    En mi trabajo con pacientes críticos me he encontrado en varias ocasiones con el relato de este tipo de experiencias; si bien es cierto que los pacientes tienen dificultades para compartirlas. Un temor a quedar en ridículo frente al equipo médico que lo asiste, hace que lo comparta con sus personas de mayor confianza, y luego no lo mencione nunca más. Sabemos que lo importante no es que los médicos acepten las ECM como prueba de la existencia del más allá, sino que no las desmientan, ni las incluyan en categorías de sueños o pesadillas. Estas son experiencias reales para la persona que las ha vivido.

    En muchas oportunidades aquellos pacientes que vivieron las ECM, expresan un estado peculiar: no sienten temor frente a la muerte. Esta se ha convertido en un territorio conocido, en donde la experiencia ha sido por demás placentera y positiva. Veamos un ejemplo de esto:

    Hace unos años, un hombre me contó su experiencia del tipo ECM. Le había sucedido durante la guerra de las Malvinas. Se trataba de un teniente de la armada, casado y con dos hijos. Había sido herido de gravedad durante una batalla. Estuvo internado 14 meses, tuvieron que reimplantarle un brazo. Me contó como se vio "desde afuera", en el momento en que explotaba el misil y volaba su brazo. Estuvo en coma 50 días. Vio una potente luz, le llamó la atención que no lo deslumbrara, podía ver perfectamente la imágen de su abuelo (ya fallecido) que desde un balcón, en donde había geranios blancos y negros como los que él solía injertar, le decía simplemente con un gesto de la mano, que no era el momento de morir. El se sentía muy bien, no quería volver, tenía una gran paz. En ese estado de desprendimiento de su cuerpo, podía verse a sí mismo hasta la cintura, en uniforme, y con un cuerpo completamente sano. El hombre dice en su relato, que en un determinado momento decidió seguir viviendo. En aquel momento y en este estado peculiar, vio lo que sería su futuro: su mujer y sus dos hijos, que recién llegarían a su vida años más tarde. Según sus palabras, esta inolvidable experiencia le había impresionado tan profundamente que toda su manera de pensar había cambiado, su concepción de la vida, su tabla de valores, pero la consecuencia fundamental, era que había perdido el miedo a la muerte.

    Es una experiencia común en estos casos, la resistencia a regresar al mundo terrenal, ya que esto provoca un dolor muy intenso y una vivencia angustiante. La persona ha vivenciado un mundo sin tiempo, de espacio infinito y de total libertad, en donde una paz incondicional y un conocimiento universal le llevar a desear permanecer en ese estado para siempre. Cuando la reacción es muy intensa ante el regreso, pueden producirse ciertas dificultades posteriores en la readaptación. Esto puede darse especialmente si hay un desconocimiento en el equipo de salud, o en la gente en general, del valor terapéutico del ECM. Normalmente, estas vivencias son interpretadas por el equipo de salud o por la familia, como un estado patológico, un sueño o simplemente algo carente de importancia.

    Un médico norteamericano, el Dr. Kenneth Ring,(La senda hacia el omega), dedicó tres años a investigar científicamente el significado de la experiencia de la casi muerte. Ring pudo constatar una serie de cambios positivos en la actitud, los valores y el comportamiento de las personas que habían experimentado una ECM, y hasta una transformación completa de la personalidad. También puede observarse la aparición de sentimientos religiosos o espirituales, una mayor capacidad para expresar abiertamente su amor, y un mayor deseo de soledad e intimidad. Esto acompañado de un incremento en el apego y amor a la vida, y una disminución en el interés por los aspectos materiales de misma.

    Estas interesantes investigaciones, sumadas a los relatos que pude escuchar de primera mano sobre el tema, me permiten trabajar frente a aquellos pacientes que han pasado por esa experiencia de una manera diferente, dando particular importancia a las vivencias del paciente y resaltando su alto valor terapéutico.

La hipótesis de la reencarnación

    Investigaciones realizadas en el campo de la hipnosis a fines del siglo pasado, llevaron a curiosos investigadores a realizar regresiones a etapas previas en la vida de los sujetos. Curiosamente esto permitió que se encontraran con un:"antes del período fetal", un momento anterior a la concepción. El hallazgo de conductas fetales en los sujetos de regresión, como respuesta a la consigna de revivir el momento previo al nacimiento, había significado en sí mismo un impacto para los investigadores. Cuánto más sorprendente podía entonces resultar el encontrarse con alguien que hablaba desde una identidad diferente de la actual, que relataba acontecimientos históricos poco trascendentes y desconocidos para el común de la gente, pero exactos desde el punto de vista histórico y cronológico; o bien que se expresaba en otro idioma desconocido para su personalidad consciente, llegando a hablar incluso lenguas muertas como el sánscrito, o el griego antiguo, reviviendo en esos momentos intensas experiencias con plenitud de carga emocional.

    Las experiencias de regresión, implican un estado que va desde, la hipnósis profunda con pérdida total de la conexión con el entorno, a una profunda relajación con conservación de la conciencia del aquí y ahora. En miles de sujetos en este estado de regresión, se ha conseguido recolectar relatos de vidas completas llenas de sentido, cuyos conflictos y dificultades se asocian significativamente con la vida actual.

    La población investigada incluye una muestra heterogénea de personas que incluye tanto a creyentes, pertenecientes a diferentes religiones (que no incluyen la creencia en la reencarnación), como así también personas agnósticas. Pero el sentido encadenado de una vida tras otra, descrito por los sujetos en estado hipnótico, se acerca curiosamente a la definición que el budismo da del concepto de reencarnación. Mientras que el relato de momentos específicos de sus supuestas vidas previas, tales como la muerte, lleva a encontrar curiosas coincidencias con quienes que han vivido las ECM que estudiábamos en otro apartado.

    Suponer la veracidad o la existencia de vidas anteriores, es por ahora una simple hipótesis de trabajo. Es probable que muchos piensen que adoptar este punto de partida, es un mecanismo defensivo para disminuir la ansiedad que provoca la fantasía de una desaparición total en el momento de la muerte. Es una presunción válida, sin embargo opino que la clínica sigue siendo soberana. Los resultados de los trabajos desarrollados sobre el tema durante los últimos treinta años, son sumamente interesantes, como también lo son algunos de los efectos de las psicoterapias aplicadas a esta hipótesis.

    El concepto de reencarnación, entendido como un descubrimiento de la investigación psíquica, y no como un elemento dogmático que proviene de un credo religioso, llega a constituirse en una interesante hipótesis de trabajo explícita o no frente a las vicisitudes del alma y del ser humano, y particularmente frente a la posible experiencia de una muerte inminente.

    La descripción fenomenológica que hacen las personas en regresión del momento de su muerte previa (de una o varias vidas anteriores), junto con el material que nos aportan las experiencias cercanas a la muerte, permiten elaborar un esquema referencial de lo que podría llegar a ser la experiencia de ese instante crítico. Por supuesto nos estamos moviendo en un campo especulativo lamentablemente no verificable hasta el presente, pero también es cierto que tampoco tenemos manera de verificar la existencia del inconsciente, y sin embargo trabajamos con ese supuesto y nos es de gran utilidad.

    Sugiero a quién le interese profundizar el tema, acercarse a la bibliografía, de la cual rescato dos obras serias, lamentablemente las dos en inglés, aún sin traducir, el libro "Exploring Reencarnation" de Hans Ten Dam de la escuela de terapias de vidas pasadas de origen holandés, y el compendio realizado en EEUU por Winafred Blake Lucas "Regression Therapy". Ambos son síntesis muy valiosas de las últimas investigaciones sobre el tema.

La aceptación de la muerte

    La aceptación de la muerte como parte del proceso de la vida, es sin lugar a duda, una de las condiciones para que exista una buena calidad de vida; para un buen acercamiento a la propia muerte; y por supuesto, para desarrollar la tarea de acompañamiento de un paciente crítico. Si no existe esa aceptación, es muy probable que el proceso se convierta en una "Lucha a muerte contra la muerte", que seguramente dejará exhaustos tanto al paciente, como al terapeuta.

Dice Thorwald Defthelson (en La enfermedad como camino:, pag. 60):

...se parte del supuesto de que la enfermedad es evitable y de que el ser humano es intrínsicamente sano y puede ser protegido de la enfermedad por determinados métodos...... La enfermedad está ligada a la salud como la vida a la muerte.... el que aprende a ver en la enfermedad, en la decadencia física y la muerte, los inevitables y verdaderos acompañantes de su existencia, descubrirá muy pronto que este reconocimiento no le conduce a la desesperanza, sino que le proporciona unos amigos sabios y serviciales que constantemente le ayudarán a encontrar el camino de la verdadera salud....

    Los psicoterapeutas, podemos ser acompañantes de este proceso de conocimiento personal del paciente. Deberíamos poder hacerlo de manera humilde y respetuosa, sin embargo es una tarea difícil. Generalmente, frente a la profunda fragilidad que nos echa en cara la muerte, pacientes, terapeutas y equipo de salud, nos defendemos con mecanismos de negación y control omnipotente. La aceptación de la enfermedad y de la muerte, debería ser algo independiente del hecho de que el paciente sea o no terminal, que muera o continúe viviendo, e implica elaborar el miedo a la muerte, tanto por parte del paciente, como de su familia, e idealmente por todo el equipo de asistencia.

Elizabeth Kubler Ross describe cinco etapas en el camino de elaboración de la enfermedad y de la muerte que llama respectivamente:

1) La negación, primera reacción normal del psiquismo frente a una información repentina y dolorosa, lleva tiempo de elaboración dependiendo de cada paciente, y algunas personas no salen nunca del estado de negación.

2) El enojo, que surge posiblemente motivado por la impotencia que produce el no poder cambiar el curso de acontecimientos altamente frustrantes.

3) La negociación, un intento de hacer un trato con Dios o con el destino para conseguir un cambio del estado de cosas.

4) La depresión, que puede llegar a ser la antesala de la aceptación. En este estado la persona comienza a conectarse con la realidad y esto le produce un intenso dolor y desesperanza.

5) La aceptación, en donde la persona ya es capaz de tolerar en su conciencia la verdad y la impotencia que le suscita.

Dice Kübler Ross respecto de la aceptación de la muerte: (en "On death and Dying")

...Creo que todos deberíamos prepararnos para el hecho de la muerte desde temprana edad, visitando asilos de ancianos, hospitales de crónicos y pacientes terminales, pensando en nuestra propia muerte, haciendo nuestro testamento y conversando estos temas con la familia y con los amigos cercanos. Pero todo esto debería ser hecho mucho antes de estar enfermo. Deberíamos permitir que los niños visitaran pacientes internados y asistieran a velorios y entierros. También podríamos acercarnos al tema de la muerte, leyendo literatura o poesía sobre el tema, contemplándola a través del teatro, de la música o del arte en general. Nosotros particularmente, tenemos grupos de trabajo (workshops) sobre la muerte y el proceso del morir, en donde intentamos crear un espacio de reflexión y charla en el área de la tanatología. Estos grupos no sólo están abiertos a profesionales, sino también a aquellos legos que quieren enfrentar el tema de la muerte....

...Deberíamos poder enseñar a nuestros niños y a nuestros jóvenes a mirar la realidad de la muerte. De esta forma no tendrían que pasar por todos los estados previos a la aceptación de la muerte cuando están tan cercanos a ella, y cuando el tiempo es demasiado corto para lidiar con una tarea tan larga. Se vive una distinta calidad de vida cuando uno enfrenta y acepta su finitud desde el comienzo de la vida....

    Según esta autora, nuestro objetivo como psicoterapeutas, no será nunca, llevar al paciente a pasar por todas las etapas de elaboración de la muerte para poder llegar a la de aceptación, ya que esto es poco factible. Estas etapas se presentan, en realidad, de manera desordenada, y hasta pueden coexistir, incluso puede haber regresiones a una etapa que aparentemente está superada. En segundo lugar, nuestro objetivo concreto es facilitar las necesidades del paciente, averiguando por qué etapa está transitando y ver entonces la mejor manera de acompañarlo respetando ese momento.

    Creo importante además aclarar la diferencia que existe entre la aceptación y la resignación. Esta importante discriminación hecha por Kubler Ross, señala que cuando los pacientes se hallan en estado de aceptación, suelen mostrar un profundo sentimiento de ecuanimidad y paz, transmitiendo algo de mucha dignidad, mientras que aquellos que sólo se "resignan", están a menudo, indignados, llenos de amargura y rencor, y generalmente comentan cosas como: "Y para qué?", o "Estoy cansado de pelear". Hay en ellos un sentimiento de inutilidad, de sin sentido y de falta de paz, que los hace fácilmente distinguibles de los casos de genuina aceptación.

    El paciente crítico, estará en mejores condiciones de enfrentar su enfermedad y su posible curación, cuando ha podido aceptar en su vida la existencia de la muerte, aún cuando no sea un hecho inminente, o no se trate específicamente de un paciente terminal.

El miedo a la muerte en el paciente

    Las culturas antiguas y no occidentales, han considerado a la muerte como un aspecto integrante de la vida. Por su parte, la civilización occidental hasta los tiempos de la Revolución Industrial, también le concedía importancia a la muerte, sin embargo, el acceso al pensamiento mecanicista, el surgimiento de la tecnología y del moderno pensamiento científico nos han alejado de aspectos biológicos y psíquicos fundamentales de la existencia.

    Los antiguos sistemas de creencias, proporcionaban descripciones detalladas de los estados de la mente, o del lugar de los muertos en la otra vida, tales como el cielo o el infierno, proponiendo además una clara descripción de los pasos o el camino a seguir en el crítico período de transición. Algunos textos conocidos como los "Libros de los muertos", ofreciendo al moribundo una guía detallada y precisa, podían contener y aliviar el miedo a la muerte. De este modo, una persona en la antigüedad, podía tener acceso a un sistema religioso o filosófico que le permitía estar preparada para la muerte, mientras era acompañada por sus seres queridos, que en muchos casos leían junto a su lecho de muerte, párrafos instructivos de estos libros milenario.

    Pero, lamentablemente, en nuestra cultura, la muerte es un tema tabú, una escena que llena de temor e incertidumbre a casi la mayoría de los paradójicamente "mortales". El entorno de familiares, amigos y equipo de salud, no nombra lo temido, como si ponerlo en palabras significara convocar la presencia misma de la muerte. De todo esto resulta un ser humano que se encuentra sólo con su miedo y condenado a un inevitable silencio. A menos que alguien se interne en su mundo de temores e incertidumbre, admitiendo la idea de la muerte en la conciencia, y permitiendo que la emoción asociada con el tema se exprese a través de las palabras. Verbalizar es permitir la catarsis, es dar forma a la angustia flotante, y aliviar el dolor del síntoma. El miedo a la muerte, es una emoción que produce gran estrés, incrementa los síntomas físicos y obstaculiza la posible recuperación del paciente.

    Compartir el temor con algún otro es una clave para desvitalizar su virulencia. Y escuchar al paciente en sus temores y reflexiones sobre la muerte, es probablemente escuchar los propios. Sin embargo algo de lo alquímico se va produciendo en el encuentro.

    Algunas personas tienen profundas convicciones religiosas que los llevan a creer en la supervivencia de "algo" después de la muerte, lo que puede llegar a tranquilizarlos, mientras que en otras, estas mismas convicciones pueden producir el efecto contrario, ya que suponen que les esperan dantescos infiernos y purgatorios, y castigos terribles debido a su "mal comportamiento" durante la vida. Otros creen que con la muerte física se termina todo, algunos dudan, pero en realidad, muy pocos están en paz y la mayoría teme a lo desconocido. La presencia o ausencia de este miedo es independiente de la edad del paciente, he visto ancianos aterrorizados y me han contado de niños sumergidos en una plácida aceptación de su muerte.

    En el siglo XX, lamentablemente, los "Libros de los Muertos" han sido olvidados, o bien son considerados curiosidades o piezas de museo, pero las investigaciones de autores como Raymond Moody, Kenneth Ring, Elizabeth Kubler Ross o Stanislav Grof, según hemos visto, nos han aportado valiosa información sobre estos estados relacionados con la muerte.

    Cuando una persona manifiesta temor a la muerte, puede ser de utilidad acercarle alguna información existente sobre la "vida después de la vida". Esto podría llenar el lugar que antiguamente ocupara la lectura de los libros de los muertos. Pero ahora, y en esta nueva etapa, no se trata de una postura religiosa, ni siquiera filosófica, sino de compartir "lo que otras personas -que han pasado por un momento similar- cuentan sobre sus experiencias referidas a la muerte". Cuando se trata de una persona que está inconsciente o en estado de coma, para poder hablar "en su oído" de estos temas, necesitamos contar con la aprobación de su familia.

    En el caso de un paciente en estado crítico o terminal, se plantea la disyuntivas relativa a si debemos enfrentar directamente estos tópicos, o esperar la pregunta del enfermo. Creo que la segunda, debería ser la regla fundamental; sin embargo, algunas veces, la perentoriedad de la situación no permite esperar como sería aconsejable.

    Recuerdo el caso de un joven paciente enfermo de SIDA que estaba en estado crítico en la unidad de terapia intensiva. Tenía 28 años y estaba muy angustiado porque sentía que se moría, no tenía convicciones religiosas, creía que era muy joven para morir y esto era objetivamente cierto. Después de hablar largamente sobre su enojo por la injusticia de su enfermedad y de la posibilidad de su muerte inminente, y una vez que hube escuchado atentamente sus miedos e incertidumbres, le pregunté si conocía los relatos de las experiencias cercanas a la muerte, a lo que contestó negativamente. Abrí la posibilidad de hablar sobre el tema. El paciente que estaba realmente desesperado, consintió. Después de un breve relato, me preguntó si yo creía en eso, le dije que no tenía ninguna prueba de que esto fuera lo que sucedía realmente después de la muerte, pero que eran experiencias particularmente coincidentes que a mí me ayudaban a comprender algo más sobre la vida y la muerte. El paciente se tranquilizó llamativamente, me agradeció la charla que habíamos tenido y me pidió que volviera a verlo al día siguiente para seguir hablando del tema. Lamentablemente murió esa noche de una grave complicación respiratoria, pero tengo la impresión de que nuestra charla le sirvió para mejorar su "calidad de muerte", o al menos así lo espero.

    Elizabeth Kübler Ross, en su libro "La muerte, un amanecer", propone un modelo de relato que suele hacer a los pacientes o a sus familiares, de lo que ella considera es la vida después de la muerte física:

    "En el momento de la muerte hay tres etapas...La muerte física del hombre es idéntica al abandono del capullo de seda por la mariposa... El capullo de seda y su larva pueden compararse con el cuerpo humano. Un cuerpo humano transitorio.... son como una casa ocupada de modo provisional. Morir significa mudarse a una casa más bella...Desde el momento en que el capullo de seda se deteriora irreversiblemente, ya sea como consecuencia del suicidio, de un homicidio, infarto o enfermedad crónica (no importa la forma), va a liberar a la mariposa, es decir al alma. En la segunda etapa, cuando la mariposa-siempre en lenguaje simbólico- ha abandonado su cuerpo, ustedes vivirán importantes acontecimientos que es útil que conozcan anticipadamente para no sentirse jamás aterrorizados frente a la muerte......Estarán provistos de energía psíquica, así como en la primera lo estuvieron de energía física...(antes) tenían necesidad de un cerebro que funcionara, es decir de una conciencia despierta para poder comunicarse con los demás.....Desde el instante en que ésta (la conciencia) falte, cuando el capullo de seda esté deteriorado al extremo que ya no puedan respirar y que las pulsaciones cardíacas y ondas cerebrales no admitan más mediciones, la mariposa se encontrará fuera del capullo que la contenía...al liberarse del capullo se llega a la segunda etapa, la de la energía psíquica....Desde el momento en que somos una mariposa liberada, es decir, desde que el alma abandona el cuerpo, advertirán enseguida que están dotados de capacidad para ver todo lo que ocurre en el lugar de la muerte, en la habitación del enfermo, en el lugar del accidente, o allí a donde hayan dejado su cuerpo....En esta segunda etapa también se darán cuenta que se encuentran intactos nuevamente, los ciegos pueden ver, los sordos o los mudos oyen y hablan otra vez....En general son esperados por la persona a la que ustedes más aman. Siempre la encontrarán en primer lugar......También pasarán por un túnel, o un pórtico, o un puente, después de este pasaje, una luz brilla al final....Y esa luz es más blanca, es de una claridad absoluta, y a medida que se aproximan a esa luz, se sentirán llenos del amor más grande, indescriptible e incondicional que se puedan imaginar....y en esta presencia... vivirán la comprensión sin juicio, un amor sin juicio, un amor incondicional, indescriptible...y se darán cuenta de que toda esta vida acá abajo no es más que una escuela en la que deben aprender ciertas cosas y pasar ciertos exámenes.....En esta Luz, deberán mirar toda su vida terrestre, desde el primero al último día...estarán en la tercera etapa...Ahora sentirán que poseen el conocimiento...interpretarán todas las consecuencias que han resultado de cada uno de sus pensamientos,...palabras...y actos..."

    Ciertamente, el miedo a la muerte no se elabora necesariamente apoyándose en la información sobre las experiencias o relatos de otros, ya que la aceptación tiene muchos caminos. En algunos casos el paciente simplemente acepta que su vida ha concluido, sin explicaciones, ni futuras expectativas. Se haya en paz consigo mismo, siente que ha dejado sus cosas en orden, y espera simplemente la muerte sin temor ni dolor. Otras veces pide la presencia de un religioso que acompañe su fe y creencias, y esto es suficiente para darle la tranquilidad que necesita. No hay una regla fija, los seres humanos somos muy diferentes unos de otros, como diferentes son las circunstancias de acuerdo a la edad y a las experiencias de vida que cada uno ha tenido, y diferentes son también las estructuras de personalidad. Por todo esto es que nuestra tarea implica el ejercicio permanente de la flexibilidad. Adaptarnos, seguir el paso y las necesidades de la persona sin intentar imponer ninguna postura o ideología, simplemente acompañar, ofreciendo eventualmente diferentes herramientas que puedan ser útiles a ese ser humano en esa situación particular que está viviendo.

El suicidio y el paciente crítico

    Las fantasías o los intentos de suicidio en pacientes críticos son habituales, particularmente en aquellas enfermedades invalidantes o bien cuando se trata de pacientes terminales. Este es el motivo por el cual, algunos profesionales de la salud temen decir la verdad al paciente cuando se trata de una enfermedad de pronóstico grave.

    El paciente gravemente enfermo no suele atentar contra su vida en el momento en que se entera de que está enfermo, o al comienzo de su enfermedad. El intento de suicidio aparece generalmente en los estadíos finales, cuando ya no puede bastarse por sí mismo, cuando padece dolores insoportables, o cuando los gastos que depara su enfermedad le hacen sentir preocupado y culpable ante su familia.

    Es importante aclarar que no es necesariamente la persona que acepta su enfermedad la que puede intentar el acto suicida. Aquellos que manifiestamente lo niegan, también pueden concretarlo. Debemos suponer que quien está en estado de negación sabe - de manera inconsciente-, de su estado crítico y puede reaccionar a esto con un intento de suicidio. Por su parte quien ha aceptado la muerte como un hecho cercano e inevitable, puede intentar acelerar el proceso evitando así transitar, tanto él como su familia, por situaciones particularmente penosas.

    Normalmente una persona gravemente enferma, que no ha llegado aún al estado terminal, da señales sobre su fantasía de suicidio y pide ayuda. Los pacientes que suelen estar en mayor riesgo de este tipo de fantasías son aquellos que están en diálisis o en espera de un trasplante. Lamentablemente en nuestro país la donación de órganos no es aún un hecho socialmente natural. Faltan donantes y las listas de espera son largas y largos los tiempos que el paciente debe aguardar para ver solucionado su problema crítico. Esto lleva muchas veces a un estado de desesperación difícil de contener. La fantasía de suicidio aparece entonces como una manera de cerrar el período de dolor e incertidumbre. El suicidio pasivo, en donde el paciente no quiere tomar medicación o realizar los tratamientos que se le han indicado, es muy común.

    Coincido con el criterio de Elizabeth Kubler Ross que propone en estos casos, no forzar al paciente a tomar sus medicinas, o a realizar los tratamientos de diálisis, sino aceptar el derecho que tiene a decidir sobre su propio cuerpo; siempre que el paciente no esté transitando una depresión patológica, en cuyo caso lo importante será ayudarlo a elaborarla. Pero si el paciente, aún así, se rehúsa a ser tratado o medicado, lo correcto sería aceptar emocionalmente su decisión. En estos casos, ciertamente, no es sencillo hacer un diagnóstico diferencial entre una depresión adecuada a la realidad y un cuadro melancólico de orden patológico.

    Pero en términos generales, tratándose de una persona adulta y mentalmente sana (no psicótica, demente o débil mental), coincido con Kübler Ross en que el paciente tiene derecho a elegir libremente. Para poder hacerlo necesita estar correctamente informado acerca de todos los tratamientos, sus consecuencias, así como las posibilidades de éxito o fracaso de los mismos. Recién conociendo todas las chances podrá elegir sobre las distintas opciones y nuestra tarea será la de acompañarlo en el proceso de reflexión y finalmente aceptar su elección.

    Habitualmente nuestra cultura juzga duramente a quienes quieren quitarse la vida. Para el profesional que asiste al paciente, la mejor manera de aceptar su eventual deseo es conocer profundamente las causas por las que ha decidido hacerlo, qué es lo que sienten y piensan, qué es lo que les ha sacado las ganas de vivir. Cuando entra a una unidad médica un paciente con intento de suicidio, suele producir en el equipo de salud un rechazo inicial. Para quienes trabajan diariamente con el objetivo de "salvar" la vida humana, la idea de alguien que voluntariamente ha querido quitársela parece ser una herejía. Cuando el psicoterapeuta pone en contacto al equipo de salud con las vicisitudes emocionales del paciente, información que puede haber obtenido a través del paciente o de su familia y entorno, el malestar y el rechazo pueden llegar a relajarse notablemente.

    Muchas veces el paciente crítico que toma conciencia de la irreversibilidad de su cuadro orgánico, expresa su deseo de morir, aunque no aparezca la idea del suicidio. En esos casos, es importante hacerle sentir que tiene derecho a decidir si quiere seguir viviendo, o si cree que ha llegado la hora de "tirar la toalla". Nadie puede obligarnos a seguir viviendo, ni objetarnos el que no querramos hacerlo. Muchos pacientes, a pesar de seguir tomando sus medicamentos y continuar con todas las indicaciones médicas, internamente han dejado de desear la vida, y somos testigos entonces de una simple y llana entrega a la muerte.

    Dice Freud sobre el tema de la muerte -durante una entrevista periodística que le realizó George Sylvester Viereck en 1939:

"...toda vida combina el deseo de supervivencia con un ambivalente deseo de aniquilación.......la materia viva, consciente o inconscientemente anhela conseguir de nuevo la inercia total y absoluta de la existencia inorgánica. El deseo de muerte y el de vida moran juntos en nuestro interior. ......En todo ser normal, el deseo de vivir es suficientemente intenso para contrarrestar el deseo de morir, aunque en última instancia, este último acabe siendo el más poderoso.....la muerte nos alcanza porque la deseamos. Tal vez pudiéramos vencer a la muerte de no ser por el aliado con el que cuenta dentro de nosotros mismos. En ese sentido podríamos decir que toda muerte es un suicidio encubierto....."

    Por último, es importante alertar que en una persona que ha hecho un intento frustrado de suicidio, cualquiera sea su motivación, no se debe descartar un nuevo intento de suicidio. Conocer esta posibilidad permite tomar las precauciones necesarias, además de brindarle al paciente un necesario espacio de reflexión sobre la decisión sobre su vida y su muerte.

Mantener la esperanza

    Algunas personas, incluyendo el paciente, sus familiares o el equipo de salud, suelen creer que aceptar la muerte significa rendirse, bajar los brazos. Muchas veces por ese misma razón se ponen el casco y la armadura, y cuando por algún motivo el peligro se incrementa, redoblan sus esfuerzos en esa "batalla contra la muerte". Sin embargo, aceptar la posibilidad de la muerte, no significa "tirar la toalla", más aún, la aceptación de la enfermedad y de la muerte, pueden constituir el primer paso para un posible cambio y recuperación en la enfermedad.

    Hace unos años surgió en el campo de la medicina en EEUU, una "escuela dura" que promueve decir al paciente "toda la verdad, sólo la verdad, y nada más que la verdad". Según los seguidores de esta línea, cuando se detecta un cuadro crítico en la salud de una persona, se le provee de toda la información sobre el mismo, dándole también probables fechas para la terminación de su vida, de acuerdo a valores estadísticos."La medicina actual no puede hacer más nada por usted",es una frase típica usada en estos casos. El paciente queda así abandonado a su propia suerte emocional para poder manejar semejante "verdad", con la única posibilidad de sentarse a esperar la llegada de la muerte o tratar de ganarle de mano cometiendo un acto suicida. Por suerte muchos de ellos no lo hacen, y podemos ver cientos de pacientes supuestamente condenados que consiguen recuperarse, superar las expectativas de sobrevida a las que habían sido sentenciados, cuando no curarse de enfermedades "incurables".

    Lo que mantiene vivos y lo que lleva a esos pacientes a la curación, entre otras cosas, es la esperanza. La posibilidad de que tal vez un milagro tenga lugar. Dice Kübler Ross al respecto:

"...Hay dos clases de esperanza que deben ser diferenciadas. Al principio de la enfermedad terminal, la esperanza esta exclusivamente relacionada con la cura, el tratamiento, y la prolongación de la vida. Esto es válido para el paciente, la familia y el equipo médico. Cuando estos tres objetivos no se pueden sostener por más tiempo (aunque siempre sigue existiendo la posibilidad de que suceda) entonces la esperanza cambia hacia algo que no tiene que ver directamente con la curación. Sus esperanzas están puestas en situaciones a más corto plazo, o pueden tener que ver con la vida después de la muerte, o pueden estar puestas en las personas que dejan al morir. Por ejemplo un madre dice: "Espero que mis hjos puedan hacer esto...", o "Espero que Dios me acepte en junto a él", o "Quisiera tener una muerte digna......"

    Para aquellos que no tienen posibilidades reales de supervivencia, la esperanza es lo que les permite mantener una cierta calidad de vida, durante el tiempo que ésta dure. La esperanza es el sentimiento que sostiene la posibilidad de mantener proyectos, y éstos son los que estructuran y dan sentido a la vida humana.

    La aceptación de la muerte y la presencia de la esperanza no se contraponen, son dos opciones reales que necesitan estar presentes en las vicisitudes de la vida. El desafío está en poder caminar entre estas dos aguas, buscando un delicado equilibrio que impida la polarización tanto hacia la negación de la muerte, como hacia la renuncia voluntaria a la vida, cuando esta aún merece ser vivida.

    La esperanza en la existencia de la vida después de la muerte, tal como he dicho, no es condición para poder aceptar la muerte, es sólo una posibilidad, de hecho hay pacientes creyentes que no pueden aceptar su muerte. También hay muchas personas que no creen en la inmortalidad del alma, y que colocan su esperanza en la inmortalidad de sus obras terrenas, o en sus hijos que les sobrevivirán, logrando así morir en paz y aceptación.

    Cuando acompañamos un paciente en estado crítico o terminal, siempre sostenemos la visión esperanzada, aunque todos los elementos de la realidad que acompañan al paciente parezcan indicar la llegada inminente de la muerte. Generalmente es el sentimiento de incertidumbre, es decir la presencia simultánea del temor a la muerte junto con la idea de la recuperación, lo que resulta más difícil de tolerar en la conciencia, sin embargo ese será nuestro objetivo, ayudar a la coexistencia y aceptación de ambas posibilidades hasta que se produzca una natural definición.

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